Kubo y las dos cuerdas es una belleza en el sentido más amplio y profundo de la palabra, y el mundo sería un lugar mejor si todos nos expusieramos a una dosis de belleza todos los días. Puedes ir a ver un atardecer, leer algo realmente bueno, dedicar 10 minutos a ver cómo juegan tus hijos, o ir a ver Kubo y las dos cuerdas, una de esas películas que logrará que te reconcilies un poco con el mundo.
Decir esto tiene sentido ya que la historia de Kubo logra tocar la fibra sensible de manera muy efectiva y hacer que te emociones. El tono intimista de la narración, el toque que dan las marionetas y el espectacular trabajo artístico hacen que salgas del cine con ese poso emocional, entre la tristeza y la felicidad que solo dejan las buenas películas y los buenos libros.
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